¿QUIÉN(ES) ESTÁ(N) VIVIENDO EN TU CABEZA?

“¿Qué yo me contradigo?, pues sí, me contradigo ¿y qué?: yo soy inmenso, contengo multitudes”. (Fragmento del poema Hojas de Hierba, Walt Whitman)

 

Quizá suene extraño pero, si te paras a pensarlo, tiene sentido.

Pepito grillo, la voz de la conciencia, un ángel y un demonio sobre cada uno de nuestros hombros, los consejos de tu abuela resonando en tu mente, una “lucha interior”, “hoy me he levantado con el pie izquierdo”, “hablo conmigo mismo”, sentirse como un puzzle o un rompecabezas, tener un “niño interior”, ser poliédrico, “parecer bipolar” o “tener muchas caras”; son conceptos frecuentes con los que nos referimos a nosotros mismos o a los demás. Todos ellos hacen referencia, de una forma explícita o metafórica, a la existencia de varias partes y/o voces en nuestra identidad. Como si, realmente, nuestra identidad no fuese un “todo” fijo sino una conjunción, más o menos equilibrada, de varias partes que crean un coro polifónico.

Lo que quiero explicar es que no somos de una única manera fija o monolítica sino que estamos constituidos por diferentes formas de estar/sentir/percibir(se)/interactuar. Todos lo experimentamos, en mayor o menor medida, en algo muy cotidiano: nuestras conversaciones internas. Ese diálogo o charla entre varias voces que en ocasiones va acompañada de grandes contradicciones y auténticas discusiones internas que se desarrollan en nuestra mente y que son la expresión de lo que bien podríamos llamar nuestros personajes interiores. Sentados en asamblea, organizando un debate, pegando gritos a destiempo, susurrando tímidamente, silentes olvidados, dominantes acaparadores… Así son y todos deben ser bienvenidos porque han tenido un sentido a lo largo de nuestra vida. Parte del trabajo es re-organizarlos, ecualizarlos, despertarlos o incluso montar una moción de censura.

Cada personaje interior o parte de nuestro self tiene sus características propias. Puedo verme a mí mismo de distintas formas: una persona con tendencia a la alegría, alguien que disfruta de la vida, alguien inseguro, una persona trabajadora, una persona volcada en su rol de padre o madre o en su rol de hijo o hija cuidando de sus progenitores….. Cada una de estas partes tiene su propio diálogo, su historia, sus legados familiares, su forma de expresarse y de percibir. Cada una de ellas también va asociada a una serie de emociones y estas suelen estar vinculadas a algunos conflictos prototípicos de cada una de estas partes del self.

No te asustes, esto no quiere decir que estemos hechos trozos o fragmentados. La mayoría de nosotros somos relativamente conscientes de nuestras partes, tienen un sentido y autodirección, las sentimos como propias y a la vez parte de un todo superior. Además, el díalogo interior es audible, fluído, habitualmente no desbordante y organizado. Vamos, ni existen “golpes de estado” o “dictaduras” mentales ni una “Torre de Babel”. Eso sí, desde el modelo cognitivo analítico, la visión de la multiplicidad del Self se basa en considerar la presencia de personajes interiores que pueden ir desde la normalidad de la multiplicidad a la disociación de partes desconectadas con una discontinuidad de la memoria entre ellas.

 

Por darle una vuelta de tuerca más, hay que comprender que cada uno de estos personajes interiores tiene su origen en nuestra biografía. En aquellas interacciones significativas con nuestra familia, personas significativas, entorno, cultura… Especialmente en aquellas experiencias y legados/lealtades que más nos han marcado. Aquí las experiencias traumáticas tienen un mayor peso específico. La forma en la que el infante desarrolla su identidad es a través de la interacción con el otro, al principio los padres o figuras significativas de crianza, que van marcando y acompasando los límites de quién es y de lo que es el otro. En esa díada, se establece una dinámica recíproca y complementaria y esto es algo que sucede a lo largo de toda nuestra vida. De una forma resumida, somos lo que nos han hecho pero también lo que hemos visto hacer. De esta manera, nuestros personajes interiores tienen un componente recíproco y complementario en las interacciones entre sí o con el exterior.

Desde mi punto de vista como terapeuta, lo importante es la persona y no el trastorno que presenta. Entender la psicopatología y el tratamiento desde esta perspectiva, hace que llevemos a cabo una psicoterapia guiada por el Self y en este caso, constituido con múltiples máscaras o personajes internos.

Sin lugar a dudas, para poder entenderse a uno mismo desde esta perspectiva del Self múltiple y poder aplicarla en la relación con los demás, es necesario poder llevar a cabo un proceso de auto observación (ver artículo sobre la ventana, en este blog). Tenemos que aprender a percibir, sentir, identificar y discriminar, dentro de sus variados componentes, cada uno de los estados de multiplicidad del Self que el sujeto puede tener.

Y ahora, hazte un PROA (Para, Respira, Observa y Actua) y responde a estas preguntas:

¿quiénes son los que hay en ti?, ¿qué es lo que sienten?, ¿cómo se relacionan?, ¿cómo responden?, ¿qué voz tienen?, ¿qué motivos tienen?, ¿qué esperan del otro? Todos estos personajes que habitan en ti, ¿Se conocen entre ellos?, ¿Hablan entre ellos?…

 

Ánimo.

 

Isabel Mirapeix Bedia

Psiquiatra y psicoterapeuta

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