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Psicología

Sobrecarga Mental

Vivimos tiempos de hiperconexión, demandas constantes y una carrera silenciosa por demostrar productividad y  bienestar al mismo tiempo. Pero bajo esta superficie, cada vez más personas hablan de lo mismo: cansancio, niebla mental, irritabilidad, bloqueos, e incluso la incapacidad de disfrutar de lo que antes daba placer. Es lo que muchos llaman “sobrecarga mental” o simplemente agotamiento mental.

No estamos hechos para vivir como vivimos.

El imperativo del “Padre Crítico” y el “Adulto sobrecargado”

El Análisis Transaccional (AT), desarrollado por Eric Berne, propone que nuestra mente opera con tres grandes “estados del yo”: Padre, Adulto y Niño. En muchas personas sobrecargadas, el estado del yo dominante suele ser un Padre Crítico
Internalizado, que lanza mensajes del tipo:

  • “Tienes que ser perfecto.”
  •  “Debes hacer más.”
  • “No puedes parar.”

Estos mandatos internos activan un modo de funcionamiento constante del “Adulto Exigido”, que se ocupa de tareas, decisiones, eficiencia y resultados… sin descanso. ¿Y el Niño? Silenciado. Sus necesidades de juego, descanso, placer o espontaneidad quedan reprimidas.

El resultado es una desconexión interna: la persona vive “desde el deber”, no desde el deseo. Esto genera una forma de agotamiento que no se resuelve durmiendo ocho horas, porque no es solo físico, es existencial y emocional. Así la sobrecarga mental puede entenderse como una formación de compromiso, un síntoma que expresa un conflicto donde el sujeto está dividido entre lo que desea profundamente y lo que cree que debe hacer para ser aceptado, querido o valorado.

En una sociedad que exalta el rendimiento, muchas personas internalizan el mandato de “ser productivas” como si eso definiera su valor. La mente, en su intento de cumplir con ese mandato, reprime deseos más auténticos: descanso, creatividad, ocio, incluso el aburrimiento.

El agotamiento mental aparece como una señal del cuerpo-psique de que algo no está funcionando bien en la economía libidinal del sujeto. El goce desaparece. El placer es sustituido por la obligación. Y el sujeto, en lugar de preguntarse qué desea, sigue funcionando en automático, hasta que el cuerpo se detiene por él.

El malestar de vivir sin un “para qué”

Autores como Byung-Chul Han, quien habla del paso de una “sociedad disciplinaria” (Foucault) a una “sociedad del rendimiento”, donde ya no hay un amo externo que nos obliga, sino que somos nosotros quienes nos autoexplotamos voluntariamente.

Ahora la persona se explota a sí mismo creyendo que se está realizando cuando en realidad lo que se produce es el cansancio y la fatiga de la esencia del ser humano. El filósofo Viktor Frankl dice “el hombre puede soportar cualquier cómo si tiene un para qué”. Y cuando ese “para qué” se diluye —cuando trabajamos, cuidamos, corremos, publicamos, rendimos, pero no entendemos por qué o para quién— el agotamiento se transforma en vacío.

¿Qué hacer con todo esto?

No hay soluciones rápidas ni fórmulas mágicas, pero hay preguntas que pueden abrir grietas en esta estructura agotadora:

  • ¿Estoy viviendo desde mis deseos o desde mis deberes?
  • ¿Qué parte de mí está dominando: mi Padre, mi Adulto o mi Niño?
  • ¿Para quién estoy haciendo todo esto?
  • ¿Qué espacio tiene el silencio, el juego o el descanso en mi vida?

Conclusión

La sobrecarga mental no es solo un problema médico ni una moda pasajera, es un síntoma cultural, pero también una llamada interior. Una que merece ser escuchada con compasión, análisis y, quizás, con una buena dosis de motivación para ayudarnos a reorientar el sentido de nuestra vida.

1 comentario. Dejar nuevo

  • Muy interesante el artículo. Esto tiene que ver con el ‘burnout’? Realmente cada vez conozco más casos, yo incluido, que estamos quemados de la vida. Una vida con una autoexigencia autoimpuesta por uno mismo, en una carrera sin sentido. Parece que tenemos que ser héroes contemporáneos: el mejor trabajador, el mejor padre, el mejor marido, el mejor amigo… No nos queremos lo suficiente y machacamos nuestro cuerpo y mente sin piedad. Me alegra haber leído este artículo porque me ha ayudado a buscar nuevos ángulos a este problema.

    Abrazos.

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