Cómo acompañar al cuerpo hacia un descanso profundo
Ayer escribí sobre algo inesperado: cómo dos cápsulas de ashwagandha y triptófano abrieron una rendija en mi sistema nervioso, tan acostumbrado a estar en guardia. No fue un milagro. Fue un permiso. El cuerpo encontró reposo. La mente se aquietó. Y, por un momento, sentí lo que era descansar sin tener el mecanismo de control activado.
Hoy quiero compartir algo más. Una continuación. Un mapa posible para quienes también sienten que llevan años sosteniéndose en tensión, sin tregua ni refugio.
1. Honra las señales de tu cuerpo.
Escuchar el cuerpo es abrir una puerta a la verdad interna. Aprender a identificar cuándo tu cuerpo habla en forma de tensión, fatiga o irritabilidad es el primer paso. No lo ignores ni lo juzgues. Obsérvalo con curiosidad y compasión. A veces, basta con cerrar los ojos 3 minutos. No para meditar ni hacer nada especial. Solo para estar. Respirar. Sentir. El cuerpo no necesita grandes discursos. Solo señales seguras. Ejercicio práctico: haz una pausa consciente tres veces al día y pregúntate: “¿Cómo está mi cuerpo ahora?”.
2. Respiración: el ancla al presente y a la calma.
Respirar lento y profundo activa el sistema parasimpático, el que nos ayuda a reparar, digerir y descansar. Prueba esta técnica: inhala contando hasta 4, retén el aire contando hasta 7 y exhala lentamente contando hasta 8. Repite 4 ciclos.
3. Movimiento suave para soltar.
El cuerpo responde al movimiento gentil, sin meta, sin corrección. Estiramientos conscientes, movilidad articular o yoga suave pueden ayudarte a liberar tensiones profundas. Y si no sabes por dónde empezar, comienza por observar: ¿Qué te activa? ¿Qué te calma sin exigirte? El café, el móvil, las conversaciones…
¿Y qué te da sosiego? A veces es escribir. A veces, el sonido del agua. A veces, simplemente estar sin ser útil. Estos pequeños descubrimientos te permitirán crear rituales personales de calma: un baño tibio, una música que te ablanda, mirar el cielo. Entrenamiento para la serenidad.
4. Apoyo profesional para un cuidado integral.
Como fisioterapeuta, he visto cómo el cuerpo se transforma cuando se siente acompañado. La terapia manual, combinada con respiración, conciencia y presencia, puede facilitar el proceso de bajar la guardia. Y si decides incorporar suplementos como ashwagandha o triptófano, hazlo siempre con la guía de un profesional médico que valore tu historia personal. La suplementación puede ser una gran aliada, pero el respeto a tu organismo es la base de todo.
5. El entorno como refugio.
El descanso verdadero necesita un entorno que lo facilite: espacios tranquilos, buena alimentación, calidad en el sueño. Limitar los estímulos, especialmente por la noche, es un acto de amor hacia tu sistema nervioso.
Recuerda: no todo el mundo puede soltar un lunes a las 9:00h.
Busca tu momento. Ese rato antes de dormir. Ese domingo sin prisa.
El cuerpo también tiene sus puertas y no todas están abiertas a la vez.
Es un proceso que merece ternura.
Bajar la guardia no es rendirse,
es reconectar.
Es atreverse a confiar en que algo dentro de ti ya sabe lo que necesita.
Descubrí que el descanso no es ausencia… sino presencia profunda.
Y que, a veces, una sola rendija basta.
“El cuerpo siempre sabe del proceso. Solo necesita que lo acompañemos con respeto y amor”. Milton Erickson, pionero de la hipnosis terapéutica, contaba que cuando era niño encontró una yegua perdida. No sabía a qué granja pertenecía, pero decidió montarla con suavidad y dejar que caminara a su ritmo. Solo corregía el rumbo si se desviaba. Tras un buen trecho, la yegua llegó sola a casa. El granjero, sorprendido, le preguntó:
– ¿Cómo supiste que era esta su granja?
Y él respondió:
– No lo sabía. Pero ella sí. Solo la acompañé para que no se hiciera daño.
Así es también el cuerpo. Él ya lleva el rumbo dentro. Solo necesita que lo acompañemos con respeto, sin empujar, sin forzar, sin desoír su ritmo. A veces, el cuerpo no necesita más que una respiración, un silencio, una escritura, una tregua… Y entonces ¡por fin! baja la guardia y recuerda el sendero de vuelta a casa.
Desde entonces, siempre que acompaño a un cuerpo en consulta -o al mío propio- recuerdo aquella yegua. No hay que dirigir, solo acompañar. Porque el cuerpo, si se siente a salvo… vuelve solo.
Tu cuerpo, tu casa.







2 comentarios. Dejar nuevo
Que belleza de reflexiones Silvana mil gracias
Excelente reflexión. Uso de vez en cuando la respiración 4/7/8 para conciliar el sueño y me funciona bien. Me encantan estos consejos llenos de cariño y sabiduría. Es un placer leerte.